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  • Joaquín Toledo

Nada por acá, nada por allá: el arte del ilusionismo y la técnica de gobierno


Ilustración: Ramiro Alonso

El ilusionismo es un arte misterioso, ya que los principios que permiten este ejercicio están salseados con ingredientes secretos, y el secreto es fuente inagotable de incógnitas, de literatura y poesía. El arte del ilusionismo consiste en producir artificialmente efectos en apariencia maravillosos por medio de juegos, distracciones y engaños cuidadosamente elaborados.


Los grandes ilusionistas de la historia, para ser exitosos, manejan por lo menos tres habilidades: el disfraz, la confusión y la distracción. Mientras que se disfrazan de algo que no son para interpretar su rutina y esconder sus verdaderas intenciones, ponen en juego sofisticados artilugios que confunden al espectador y con sus movimientos u oratoria distraen la atención.


El gobierno viene practicando con gran precisión el arte de la ilusión e interpretando una obra magistral de compleja puesta en escena.

Nada por acá, nada por allá: justificación del ajuste

David Seth Kotkin, también conocido como David Copperfield, así como muchos otros magos e ilusionistas, muestra en sus espectáculos la habilidad de hacer aparecer y desaparecer objetos o personas. Este truco consta de hacer creer al espectador que el ilusionista no cuenta con ningún elemento en sus manos o su traje, y por arte de magia algo aparece frente a nuestros ojos.


Este viejo truco ha sido parte central de la estrategia del gobierno. Repetir hasta el cansancio que la administración anterior se había gastado todo y mirar al pueblo con las manos hacia adelante, aparentemente vacías. Pero todo mago tiene su as bajo la manga.


Esta ilusión ha permitido que el plan de ajuste propuesto pareciera acorde a una situación de manos vacías. Si el Estado no tiene nada, no podrá hacerse cargo de financiar los embates de la pandemia, deberá generar caja mediante el recorte del gasto público e incluso deberá aumentar los impuestos y tarifas, aunque eso signifique incumplir promesas de campaña. La ilusión ha servido también como argumento para no invertir lo necesario en hacerles frente a las consecuencias de la pandemia y ubicar a Uruguay entre los países que menos esfuerzos han hecho frente al resto de América Latina.


En marzo de 2020, mientras se votaba la rendición de cuentas y el gobierno decía que la situación económica heredada era catastrófica, se presentaba a inversores un informe de país modelo: con las finanzas saneadas, un mercado laboral dinámico, alto nivel de formalidad, buen nivel de reservas, entre otras virtudes. Este argumento, entre otros, fue utilizado para señalar reiteradas veces que Uruguay mantuvo el grado inversor y cuenta con facilidades para acceder al mercado de créditos si así lo dispone. Si uno presta atención al traje, los recursos se pueden ver.


El número de magia culmina con la revelación de que finalmente sí había recursos. Desde que comenzó el nuevo gobierno se emitieron una serie de decretos y leyes haciendo eco de demandas empresariales con un alto poder de lobby y que terminan ampliando las ganancias de grandes empresarios. Los decretos 268/020 y 138/020 reducen y simplifican arbitrariamente las exigencias para acceder a beneficios fiscales para las inversiones, en diciembre se votó una ley con carácter urgente para otorgar la exoneración del IRPF de capital a los rendimientos derivados de inversiones mobiliarias en el exterior del país para un pequeño grupo de privilegiados residentes en Uruguay, el último día de 2020 se firmó un decreto en el que se encomienda a la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación devolver 8,5 millones de pesos a canales y cableros, y la ley de presupuesto estipula facilidades tributarias para establecimientos rurales, entre otras.

Amo del disfraz: presupuesto y gasto público

Netflix estrenó hace unas semanas la serie inspirada en las andanzas del personaje francés Arsène Lupin, creado por Maurice Leblanc, que utiliza el ingenio, manos veloces y su capacidad de adelantarse a los acontecimientos para realizar robos de gran escala. Una de las cualidades principales de este personaje, es su capacidad para cambiar de aspecto en función de la obra que pondrá en práctica.


El arte del disfraz, la idea de que con bastante revoque uno puede hacerse pasar por alguien que no es, es una técnica utilizada con gran efectividad por el gobierno. Han insistido con estar preparados, contar con los mejores, quitar lo político e ideológico de las decisiones técnicas, y se disfrazaron de buenos gestores. Esa máscara ha llevado a plantear sin mayores dificultades en la ley de presupuesto unas proyecciones increíbles. A pesar de que analistas y expertos públicos y privados reiteraron hasta el cansancio que las proyecciones carecían de sustento, cierta ingenuidad generalizada permitió al gobierno reiterar impunemente, una y otra vez, que las proyecciones eran las correctas.


Cuando quisimos acordar, ya era tarde. El gobierno había usado el disfraz eficazmente y pronosticado (y ratificado sucesivamente) una caída de 3,5% para 2020, pero analistas consultados por el Banco Central del Uruguay y el Centro de Investigaciones Económicas actualizaron en enero que la economía cayó en 2020 entre 5,2% y 6,1%. Luego de esto, una calurosa tarde de enero, cual pasaje narrativo, la ministra de Economía y Finanzas, Azucena Arbeleche, declaró que la meta del déficit fiscal que defendió incansablemente en la ley de presupuesto no se iba alcanzar. Se quitó el maquillaje frente a la cámara.


¿Por qué disfrazarse? Para que se vote la ley sin levantar sospechas. Pero cual caballo de Troya, dentro de la ley se encuentran las herramientas que permitirán al gobierno realizar mayores ajustes en caso de no cumplirse las metas establecidas en el presupuesto. El artículo 7, que establece la potestad del Poder Ejecutivo de establecer topes a la ejecución si no se cumple con las metas establecidas, la aún desconocida regla fiscal, vincular prestaciones sociales a la base de prestaciones y contribuciones y ajustarla por debajo de la inflación, o la incertidumbre sobre la anunciada recuperación del salario real para los públicos, son algunas de las herramientas que votaron.


La distracción y el manejo del espectáculo: los ajustes de tarifas


David Tobias Bamberg, también conocido como Fu-Manchú, dominó el arte de las sombras chinas con sus habilidades excepcionales, pero la seña identitaria era su capacidad para manejar la escena en sus espectáculos, como una obra de teatro. Gran orador, declamador y mimo.


La aprobación y la imagen del gobierno parecen no haber tenido mayores dificultades. ¿Cómo puede pasar que gran parte de la sociedad muestre su apoyo y su aprobación a un gobierno que se ha encargado de quitar una cantidad de beneficios económicos de las mayorías? Una hipótesis es el parecido con nuestro mago: un gran dominio del escenario, un buen libreto y la construcción sistemática de distracciones. Una foto sin remera, una actitud campechana, largas conferencias de prensa con poco en limpio salvo la imagen de un hombre que da la cara, una actitud de gentleman con buenos modales que recuerda el nombre de los periodistas, o la casual caminata con Loli por 18 de Julio.


Un ejemplo de manual fue la operación “héroe” detrás del anuncio de la suba de tarifas. En la segunda mitad de diciembre los directorios de los entes públicos (con mayoría oficialista) presentaron una propuesta para el aumento de tarifas, justificada en las necesidades de los organismos. En el caso de Ancap el ajuste de los combustibles propuesto era de 12,3% en promedio. En medio de esta discusión, el presidente anuncia reuniones en la Torre Ejecutiva donde analizará los informes y decidirá cuál es la mejor suba para la ciudadanía. Al terminar la reunión, se publica una comunicación de Presidencia donde se anuncia que el presidente resuelve no subir las tarifas por encima de la inflación pasada, dada la coyuntura.


El héroe Luis lo hizo de nuevo. Esta operación que resulta en aplausos por la bondad del jerarca esconde al menos dos elementos asombrosos: el primero es que las tarifas subieron a pesar de su promesa de campaña de no subir impuestos ni tarifas: “Es fácil administrar mal si tengo el bolsillo de Juan Pueblo para meterle la mano”; y, segundo, en el debate sobre la ley de urgente consideración se argumentó sobre la necesaria creación de equipos técnicos especializados para fijar precios, utilizar medidas objetivas asociadas a los precios de paridad de importación, con independencia para la decisión. Sin embargo, el ajuste terminó siendo una “orden” del presidente. Un acto más en el hábil manejo de su imagen pública.

Nadie como James Randi para desenmascarar los engaños

Vamos con nuestro último amigo: James Randi. Luego de volverse famoso por su magia y actos de escapismo, dedicó su vejez a desenmascarar estafadores. Denunciar que algunos magos utilizaban sus artes del engaño para venderle a la gente la existencia de eventos paranormales.


La filosofía de Randi era la siguiente: el ilusionismo parte de la premisa de que es un espectáculo de entretenimiento voluntario. Pero… ¿qué pasa si uno se ve sometido sin quererlo ni saberlo y el ilusionismo envuelve su vida cotidiana? ¿Qué ocurre cuando el mago se aleja del espectáculo y pretende decir que de verdad se puede hacer desaparecer objetos o conectarse con la muerte o curar una pierna rota? La ilusión se vuelve peligrosa porque “si el espectador olvida que está viendo una mentira, inevitablemente puede quedar a merced del embaucador”.


Un espectáculo de magia es un entretenimiento inofensivo; el espectáculo del gobierno afecta la vida de la gente de manera decisiva. El país necesita más certezas y menos actores de reparto, se va la vida en ello.


El gobierno, así como el mago, sabe que la gente se fastidia cuando el truco sale mal. Cuando se desnuda la escena y en las redes sociales se muestra el truco de cámara, el show se empieza a desmontar.


Como un buen mago jamás revela voluntariamente sus secretos, uno tiene que hacer de Randi con la información que recibe y descifrar cuando le están haciendo pasar gato por liebre, sabiendo que las apariencias engañan.


El autor agradece los enriquecedores comentarios de Claudio Invernizzi y del Grupo Jueves. Esta y otras notas del Grupo Jueves pueden encontrarse en grupojuevesuy.wordpress.com.


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