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  • Santiago Soto

Pobreza: lo barato saldrá caro




Escribe Santiago Soto


La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó las cifras de pobreza para 2021. De los 100 mil uruguayos que cayeron en la pobreza en 2020, apenas un tercio logró salir de la pobreza en 2021. Uruguay sigue teniendo 66 mil personas más bajo la línea de pobreza respecto a 2019.

A pocos meses de iniciar la pandemia en 2020, los investigadores Mauricio de Rosa y Matías Brum de la Universidad de la República habían advertido que tendríamos 100 mil nuevos pobres si no se tomaban medidas más enérgicas por parte del gobierno.1 Informes de Cepal en relación a la magnitud de la respuesta frente a la crisis plantearon la insuficiencia de las acciones del gobierno, y en consecuencia fueron insuficientes los resultados.2 La discusión sobre pobreza en Uruguay no debería distraerse con falsas señales de datos parciales de pobreza, y debería abocarse a pensar cómo desarrollar políticas para efectivamente combatirla. El presente y el futuro de todos depende de ello.

Lo que dicen los datos

Los datos de pobreza por el método del ingreso muestran un aumento de 2,8 puntos de la tasa de pobreza en personas en 2020. Esto representa un incremento superior a 30%: el incremento porcentual más importante desde el experimentado durante la crisis de 2002. Un año más adelante, en 2021, esta cifra se situó en 10,6%, lo que implica una disminución pero que todavía la sitúa en valores 20% superiores a 2019 (ver gráfico 1).


En cuanto a la pobreza en menores de edad, luego de un fuerte aumento en 2020, esta se situó en 2021 en valores superiores a 2019 en todos sus tramos.

La pobreza de la discusión

Cuando los investigadores de la Universidad de la República advirtieron que el aumento de la pobreza sería de 100 mil nuevas personas, no faltaron voces autocomplacientes con las medidas del gobierno. Sin embargo, las estadísticas oficiales publicadas un año después confirmaron de forma exacta sus proyecciones. Hubo quienes interpretaron, en base a análisis que tensionaban las posibilidades que realmente tienen los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares, que la pobreza en el último trimestre de 2020 ya había dejado atrás el impacto de la pandemia. Utilizar los datos de pobreza por trimestre fue, al menos, poco convencional, y se advirtió de la fragilidad de ese tipo de análisis.

Luego vinieron los datos del primer semestre de 2021, una novedad por parte del INE que publicó pobreza semestral por primera vez en su historia. Y los datos no mostraron esa recuperación a valores de 2019. De todas formas, se buscó nuevamente dar alguna noticia positiva, a pesar de lo que las buenas prácticas en manejo estadístico recomiendan, sobre todo en un tema tan sensible como la pobreza, y más aún la pobreza infantil. La ministra de Economía y el presidente de la República eligieron utilizar el único tramo de edad donde la pobreza infantil tenía una variación negativa (aunque estadísticamente no significativa) respecto al dato anual de 2019, y el gobierno festejó una supuesta reducción de la pobreza infantil en el tramo de menores de 6 años.

Sin embargo, nuevamente se advirtió que comparar datos semestrales con datos anuales no era lo correcto. Tan es así que si se utilizaran los datos recién publicados del segundo semestre de 2021, los nuevos pobres volvieron a aumentar desde los 50 mil que festejó la ministra a 80 mil. Sin embargo, esta lectura no era correcta antes y no lo es ahora.


La fragilidad técnica de estas comparaciones parciales deja en evidencia que se debe ser mucho más cuidadoso con el análisis de períodos pequeños, y se debe seguir analizando los datos de pobreza de forma anual.

Los problemas de política que genera esta discusión

El mal manejo de los datos de pobreza por parte del gobierno y algunos analistas constituye un enorme problema. ¿Por qué? Porque no permite al gobierno asumir la magnitud del desafío. Si uno asume que la pobreza a fines de 2020 ya estaba en los niveles prepandemia, entonces la conclusión es que el shock fue efímero y así deberían ser las políticas que lo atienden.

Además, el subdiagnóstico del problema se traduce en un déficit de políticas y una autocomplacencia equivocada. Basta señalar como ejemplo las declaraciones de la ministra que afirmó que la mejora de la pobreza infantil respecto a 2019 (que ahora sabemos que no existió) fue producto de las políticas implementadas.

Como indicador de estas realidades paralelas, hoy vivimos en un Uruguay donde el PIB volvió a niveles similares a 2019 hacia el último trimestre de 2021, pero sólo un tercio de los 100 mil nuevos pobres logró salir de la pobreza. Otro indicador de esta preocupante realidad es que la masa salarial (que considera empleo e ingresos), que acompañó la caída del PIB durante la crisis de la covid-19, viene corriendo muy de atrás a la recuperación del PIB, como no sucedía hace décadas. En apenas dos años, se retrocedieron cinco.3

Esto va más allá de los períodos en el gobierno. El presente de miles de uruguayos, pero también el futuro de los niños de hoy, depende de este diagnóstico y de las políticas que se implementen en consecuencia. No podemos darnos el lujo de perder el tiempo con lecturas parciales y autocomplacientes sobre los datos de pobreza como hasta ahora. De lo contrario, lo barato saldrá caro.


Foto: Alessandro Maradei


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